Llevo varios años con la idea de hacer un blog rondando en mi cabeza, provocándome mariposas en el estómago y a la vez poniéndome los nervios de punta de tan sólo pensarlo.

A mis treinta y quiúbole de años, ya no son tan comunes las mariposillas estilo síntoma de puberta embobada con el chavo guapo de la escuela que sabes que no te va a pelar (y puesto que pasé la adolescencia con lentes, brackets, siendo miembro del club de oratoria y menos curvas que un fideo, digamos que me convertí en una experta en el feeling), pero de repente sin lograr tener control alguno de mi ser, los temas de vida, consejos eco friendly, recetas fáciles, tips saludables, chistes y demás locuras que quería compartir en ese blog, revoloteaban en mi mente y corazón constantemente.

Cada que tomaba la decisión de llevar a cabo esa resolución de año nuevo que me había propuesto yo, la “GRAN ROX”, mejor conocida por las masas como la “MASTER CUMPLIDORA DE METAS” (y por ‘masas’ me refiero a mí, por que quien mejor para echarse porras que uno mismo), llegaba la vida a cachetearme y a darle una maroma a mi zona de confort con una ciudad nueva en donde vivir, nuevos problemas, proyectos de trabajo que necesitaban “toda mi atención”; y así los pretextos evolucionaban a “mejor ya luego que termine de ver la quinta temporada de game of thrones”, mocos, ganas de ir al baño… y efectivamente, caí en cuenta de que me estaba haciendo, nada mas y nada menos que: TURBO WEY con la situación.

¿Pero por que poner pretextos tontos a algo que me provoca tanta ilusión hacer?

Después de mucho auto-análisis, llegué a la conclusión de que la razón se resumía a una palabra pequeña pero muy poderosa: MIEDO.

Y justamente al llegar a esa triste realidad, fuí víctima de un debate interior: “¿Miedo YOOO?, ¿Pero cooomo? Si desde los 4 años me subía a la montaña rusa, evité que varios niños se ahogaran en la alberca, salvé a un ratón maltratado en la universidad, manejo coche en la CDMX, y me acomodo el calzón sin temor en la calle cuando decide tener delirios de tanga… ¿miedo yo? imposible”.

Pero entre más lo meditaba, más me daba cuenta de que efectivamente, mis pretextos eran resultado de ese sentimiento, que a mis ojos, sólo podía ser símbolo de debilidad.

Los pensamientos tortuosos de: “¿por que me leerían a mí, que tal si no inspiro a nadie, quien soy yo para creer que mis ideas, anécdotas y pensamientos son dignos de compartirse, Y si en mi búsqueda por conocer a personas con intereses similares a los míos termina siendo un reverendo fracaso?…” hacían que mi autoestima se hiciera polvo.

Al tener mi dilema claramente identificado, recordé las palabras de un explorador de mares y descubridor de tesoros que varias veces nos llenó de sabiduría con su peculiar manera de ver la vida, “El problema no es el problema; El problema es tu actitud frente al problema”, dijo el famoso capitán Jack Sparrow. Había dejado que el miedo se convirtiera en mi prisión y entendí que éste no es un sentimiento sólo de los débiles sino de todos, pero la diferencia está en si lo hacemos nuestro amigo o enemigo.

Y así es como el miedo y yo nos convertimos en compañeros de trabajo, aventura e inspiración al comenzar a escribir en éste blog, con la esperanza de que algún día mis letras logren tocar a alguien, pero aún si no se logra ese objetivo, estoy segura que el mayor de mis temores sería arrepentirme de no haber empezado nunca.

Y todo se resume a esto, (Con todo y deditos temblorosos sobre el teclado):

¡AGÁRRENSE, POR QUE AHÍ LES VOOOOY!